silencio

El único habitante de mi casa con el que realmente me llevo bien es con el silencio.

Todas las mañanas, cuando los demás duermen, yo salgo de la habitación y me siento en el sillón junto a él. Contemplo la casa: tranquila, flemática, irreal, con secuelas de todo lo vivido en ella y orgullosa de tener historias que contar. Descansa, ahora tan sólo nos protege.

Más allá de sus paredes, un jardín, en el que sus perezosos inquilinos intentan ignorar los primeros rayos de luz que atraviesan el frío aire de invierno. Esta es, tal vez, la primera señal de que la cuidad sale del sueño. El primer revoloteo de un pájaro. La primera panadería que abre sus puertas. Las farolas que se apagan tras custodiar en la noche a aquellos que se evaden de las complicaciones del día.

Volvemos a la casa. Estoy relajada, disfrutando de la inigualable compañía que me ofrece el silencio. Es entonces cuando mi mente piensa en todo y en nada; en ocasiones viene a visitarme otra maravillosa amiga: la imaginación. Es, sin duda, caprichosa. No aparece cuando más la necesito, sólo cuando ella quiere, para llevarme a mundos inesperados, impulsándome a pintar, o bien a escribir, puede que sólo a pensar. Cierro mis ojos y me dejo llevar por mi nueva compañera mientras el silencio asegura que los tres nos encontremos solos.

Todos ignoran lo que sucede y me siento libre para hacer cualquier cosa. Nadie me controla, ahora soy yo la que domina la situación. Pero este momento no durará mucho.

Se oye un despertador. Pasos. El tímido silencio desaparece; la imaginación se despide con una pícara sonrisa, sabe que no quiero que se vaya, que dependo de ella, que estoy impaciente por su regreso.

Inspiro hondo. Este prólogo surrealista da paso a un nuevo día. Saludo al mundo que lentamente se despereza. Puede que por la noche mis esquivos compañeros vuelvan a aparecer. ¿La imaginación? Sólo ella lo sabe. ¿El silencio? Él siempre estará ahí si yo le busco, esperando para volvernos a encontrar, como un buen amante.

         

Me pregunto cuántos más habrá como yo, a quienes les gusten los prólogos.

          Sonrío.

~ por zadala en Marzo 23, 2008.

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